A REINVENTARTE - EROTISMO

El erotismo y la vergüenza falaz

VLADO

«Vivimos en una atmósfera de vergüenza. Nos avergüenza todo lo real sobre nosotros: nos avergonzamos de nosotros mismos; de nuestra familia, de nuestros ingresos, de nuestro acento, de nuestras opiniones, de nuestra experiencia, y hasta de nuestra piel desnuda«

George Bernard Shaw

El erotismo humano


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Origen etimológico

Proviene del griego ἔρως, ἔρωτος, que significa amor, e -ismo que implica actividad o acción.

El concepto se asocia y nace de la cultura griega y su dios Eros relacionado con lo sexual, sensual, la atracción física…el ojo humano.

El impulso sexual, erótico se halla cargado de prejuicio y denigración.

Magenta y su vergüenza

No era extraño ver en Magenta cómo se ruborizaba y su rostro se tornaba rosado como los pétalos. Su belleza física aumentaba cuando se enfrentaba a episodios que despertaban su erotismo natural y desconocido aún para su propia pareja.

Ahora, frente al periódico y su tasa de café matutino, sonreía al recordar escenas de la profesora con costumbres religiosas y familiares muy arraigadas. La película online que degustó con una copa de vino la noche anterior en la oscuridad de su habitación, (Escándalo, 2006) descubre a una protagonista que termina involucrada y enamorada, desplegando su mundo erótico ante la sensualidad de uno de sus estudiantes adolescentes.

Un pasaje mental cargado de juicios la invade, señalando a la maestra – «que falta de carácter de esta débil mujer, un ser que se ha dejado llevar por la lujuria desenfrenada!.» Pero pronto Magenta reconoce el trasfondo de sus pensamientos, y la voz del remordimiento insinúa si es que acaso ella misma no habría ido en la misma dirección semanas atrás. Su sonrisa se diluye al recordar su affaire del mes anterior (Magenta, breve relato de un Affaire virtual)

Ya de salida a su oficina y con el acostumbrado beso de despedida para su esposo y abrazo a su hija adolescente, intenta superar las imágenes sensuales que viene una y otra vez, concentrándose en el camino. De subida a la oficina, al ingresar al asensor, comparte el breve recorrido dentro del cubículo con uno de los tantos ejecutivos de la empresa, por el que, a propósito, nunca ha experimentado simpatía alguna. Su fragancia varonil, el olor de su piel invaden el espacio por la cercanía entre los dos y golpean sus hormonas féminas. «Dios!, que me está sucediendo- exclama para sí. Descubre que esa figura atlética, de cabellos lacios y frente inteligente la perturba. Richard, quien se percata de las miradas de soslayo de su acompañante, clava sus ojos directamente en la presencia de Magenta. «Usted se ve cada vez más hermosa»- insinúa. Por un instante el ejecutivo se ha convertido en ese ser masculino, viril, musculoso y brillante.

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Ha aparecido la vergüenza falaz, el rubor acostumbrado en sus mejillas la delata. «El es un personaje en la compañía!»-piensa – «esposo de mi compañera de labores, padre de 2 hijos. Es un hombre más. Lo veo regularmente en las juntas directivas. Y yo una mujer casada por más de treinta años!»- vocifera su consciencia. Richard reconoce el estado actual de Magenta y replica: «Te perturbó mi comentario?». Magenta vuelve de su mundo mental y aprovecha que el asensor se ha detenido. «Feliz mañana Ing. Richard…».

La vergüenza falaz

De seguro un episodio como estos, ha formado parte alguna vez de nuestras vidas. Una persona como tú y yo, sana, madura, equilibrada, con estabilidad económica y emocional, ha experimentado lo que la gente del común hacemos: pensar y sentir.

Pero, y ¿porqué un cuerpo sano no ha de reaccionar así?

Generalmente sucede y con gusto. Claro, nada que ver con compromiso, sentimiento de afecto o amor. Por supuesto, es el impulso básico del erotismo que generación tras generación se ha perpetuado geneticamente hablando.

Y allí, en ese recodo del camino, encontramos lo falaz. Las culturas, las costumbres enseñan que un ser humano no debe experimentar atracción erótica o sensual alguna por nadie más, aparte de su pareja. Acaso, ¿nos han enseñado a reprimir el erotismo, la mirada, la sensualidad? ¿Nos han enseñado a enmarcarlo con sumisión «religiosa»?

Por supuesto, el morbo patológico posee otras definiciones:

En términos psicológicos es una tendencia a buscar lo prohibido, lo sucio,  lo impúdico y lo truculento, es por esto que se la relaciona directamente con el  sexo.

Tener morbo es una actitud normal hasta cierto punto, pero cuando se sale de  los parámetros normales se habla de personas morbosas patológicas.

psicolebon.wordpress.com

El componente morboso patológico trasciende lo sensual y erótico, dejando en el ambiente un mensaje de «poséeme», «deséame», propio de las personalidades y culturas basadas en el egocentrismo, el «vitrinismo», el «no te encuentras lejos de perdernos los dos». Y esto no es más que una degradación del concepto de «autoretrato» vinculado a los orígenes de la pintura. Las modernas cámaras digitales generan entonces una pulsión a lo íntimo y primitivo. El cerebro reptílico cumple su papel.

A REINVENTARTE - EL EROTISMO

La parte más primitiva de nuestro cerebro es el llamado«cerebro de reptil»o reptiliano, y  se encarga de los instintos básicos de la supervivencia -el deseo sexual, la búsqueda de comida y las respuestas agresivas tipo ‘pelea-o-huye’.

En los reptiles estas respuestas al objeto sexual, a la comida y/o al predador peligroso eran automáticas y programadas. La corteza cerebral o neocorteza con sus circuitos para sopesar opciones y seleccionar una línea de acción, obviamente no existe en estos animales.

soberanamente.com/

Así, descubrimos las distancias de las desvirtuadas relaciones conceptuales modernas entre erotismo, sensualidad y morbosidad; el arte y la pornografía.

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Debe ser claro

De modo especial, la sexualidad femenina ha sido duramente reprimida y golpeada por los siglos de los siglos. Las culturas han teñido de vergonzosa cualquier manifestación de sensualidad por parte de la mujer.

No debería sorprendernos la fuerte lucha de las mujeres para librarse de esa «vergüenza falaz» que las mantiene calladas o a hurtadillas en su ser, recreando una doble vida (Magenta). Incluso quienes se hallan familiarizados y conviven de modo sano sexualmente, son objeto de ansiedad al experimentar esa manifestación erótica que asecha debajo de nuestras camisetas unisex. Así, las crisis de pareja y personales hacen su extraordinaria labor al exponer sobre la fachada superflua de un matrimonio o relación, lo suprimido, reprimido y descartado.

Donde las palabras fallan, la música habla

Hans Christian Andersen

Nuestro invitado : Maestro Pat Metheny

Imagen de Bruno Glätsch en Pixabay

Alguna conclusión

Los profesionales y las ciencias humanas dedicadas a contribuir a la salud mental de nuestras sociedades, deben prestar atención, independientemente de sus tradiciones y costumbres (si es que no viven ellos mismos esa «vergüenza falaz»), en generar ambientes sanos, no aprensivos, que inviten a millones de personas y mujeres en especial (sus pacientes de turno), a sacar en detalle sus vidas íntimas cargadas de «prohibido» o «No pase!», despojándolas de culpabilidad como si estuvieran pensando o haciendo algo «sucio». Estas personas han dejado marchitar su vida sexual por vergüenza a descubrirse y comunicarse con transparencia.

Hay mucha, pero mucha ternura, creatividad en el erotismo entre las parejas que gozan de un gran amor. No continuar desaprovechando tantos años juntos para amarse mejor y con calidad, podrá sanar el corazón y tomar otros caminos sin salida, dejando en el lugar que le corresponde la «vergüenza falaz: En la historia.

Breve observación a la masculinidad

Los hombres debemos saber y practicar esto:

Sacar a la luz el erotismo de su pareja, hacerla sentir amada, será un poderoso elixir para mujeres que han vivido con el estigma sexual gran parte de sus vidas. Las flores, los chocolates, las notas románticas, los cumplidos, y los juguetes eróticos que tanto disfrutan las «Magentas» en la oscuridad de sus cuartos, serán cómplices del proceso.

Qué dicen nuestros lectores



Fuente:
1. OMG
2 FAO
3. ONU

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